MAGIA Y LEYENDAS DE CUMBAYÁ


Cumbayá siempre estuvo rodeada de magia y de leyendas, todavía permanecen en la memoria colectiva historias de tesoros encontrados en las antiguas haciendas, personas que de la noche a la mañana se hicieron ricas después de encontrar los conocidos entierros.



LOS ENTIERROS
Nos relata don Segundo Sotalín: “Cuenta la leyenda que cuando a la media noche en los sembríos se divisaba una llama azul, en ese sitio existía un entierro. En una ocasión un hacendado acompañado de un peón estaban regresando a la hacienda después de trabajar en la tierra, de repente el peón divisó a lo lejos  una llama de color azul que se posaba sobre los sembríos. Él trabajador atemorizado, sin dudarlo contó enseguida a su patrón. El hacendado que conocía el significado de aquella aparición le dijo a su peón que vaya tranquilo a dormir para continuar su tarea mañana porque ya era tarde y que esa llama estaba en su imaginación.

El trabajador regresó a su huasipungo aturdido por lo que había visto y pasaron un par de horas para que el patrón se dirija de manera sigilosa hacia el sitio donde estaba la llama azul y luego de escavar encontró un tesoro enterrado”.

LA MUERTE


Un conocido Teniente Político de Cumbayá estaba regresando a su casa después de haber estado celebrando con sus compañeros en una de las conocidas cantinas de la parroquia. Era ya de madrugada, cuando cruzaba el sector de la cervecería de repente se encontró con el torso de una esbelta figura femenina, confundido por las copas que bebió al acercarse un poco más pudo reconocer que aquella dama era su Rosita amada. ¿Qué haces aquí Rosita? preguntó asustado el funcionario pero sólo escuchaba suzurros de la joven. De repente, su novia empezó a alejarse rápidamente por el chaquiñan  y su cuerpo parecía que flotaba en el aire.
El funcionario tuvo que correr y cuando pudo alcanzar a su supuesta novia, ésta se volteó y el teniente horrorizado se desmayó del susto al ver que el rostro de su Rosita amada no era más que una calavera.
Trabajadores del sector que pasaban por aquel camino lo encontraron al filo de la quebrada.

EL ATAÚD MALDITO
En el siglo XIX, vivió en Cumbayá un tipo que era conocido porque no profesaba la religión católica hasta que falleció, el cura del pueblo no le dió los santos óleos y el cuerpo de aquel señor fue enterrado en el cementerio del lugar,
Pasaron los días y una muchedumbre asustada se acercaba a la iglesia parroquial, contaban que todas las mañanas el ataúd de aquel infortunado se paraba solo y empezaba a bailar ante el asombro de los parroquianos.
No le quedo al cura del pueblo otra alternativa más que ir al campo santo y bendecir a aquel ataúd maldito.
Después de la bendición nunca más se volvió a escuchar acerca de aquel suceso. 
Relatos de don Segundo Sotalín y don Pablo Quishpe, vecinos de Cumbayá.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El Gallo Mote